Este artículo fue publicado originalmente en la revista Mashriq & Mahjar, vol. 13 No.1 (2026), como parte del número especial Locating Palestine in the Arab Americas. Traducción del inglés al español por Souffles.

RESUMEN

En este artículo presento y analizo la inclusión de escritores e intelectuales latinoamericanos en la revista Al-Karmel. ¿Qué escritores latinoamericanos aparecen en sus páginas de y quiénes los tradujeron y entrevistaron? Asimismo, examino cómo las luchas y los conflictos políticos que se desarrollaban tanto en el mundo árabe como en América Latina se entrecruzaban y dialogaban a través de la traducción literaria, el intercambio de ideas y la creación de redes de intelectuales que se articulaban en revista.

AL-KARMEL, EDICIÓN NÚM. 3

Desde una perspectiva latinoamericana, el número más interesante de la revista literaria y cultural palestina Al-Karmel es el número 3. Publicado en Beirut en enero de 1982, apenas cinco meses antes del asedio israelí y de la expulsión de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) del Líbano, este número de Al-Karmel otorgó a América Latina un lugar privilegiado. En la sección “Awraq min Amrika al-Latiniyya” (Hojas desde América Latina), encontramos cuatro textos que conforman un dossier dedicado a importantes figuras literarias e intelectuales de la región:

1. “Maʿ Ghabriyil Gharsiya Marqiz fi al-maqha” (En el café con Gabriel García Márquez), una entrevista realizada por la autora y filósofa sirio-mexicana Ikram Antaki;

2. “Qasaʾid min al-Maksik” (Poemas desde México), también por Antaki, donde presenta y traduce a poetas mexicanos contemporáneos;

3. “Qissa min al-Baraghway” (Un cuento del Paraguay), traducción del francés de “Chepé Bolívar”, realizada por el autor tunecino Muhammad Rida al-Kafi;

4. “Shihada min al-Arjantin” (Un testimonio de Argentina), un ensayo sobre literatura y exilio escrito por Julio Cortázar y traducido por el poeta y traductor iraquí Kadhim Jihad Hassan. [1]

Previo al dossier, el número incluyó una extensa entrevista con Julio Cortázar en su domicilio de París, realizada por el novelista libanés Elias Khoury y el poeta y diplomático iraquí Shawqi Abdul Amir.[2]

¿Cómo llegaron a encargarse de compilar un dossier sobre América Latina? Además, ¿por qué se seleccionaron a estos autores latinoamericanos en particular para el dossier, así como otros que aparecieron en números posteriores de Al-Karmel?

Este artículo busca responder a estas preguntas centrales, centrándose en el número mencionado de Al-Karmel, aunque también aludiendo a números posteriores que, en menor medida, incluyeron a escritores e intelectuales latinoamericanos. Examino la presencia de autores latinoamericanos en la revista, analizo a quiénes refleja dicha presencia e indago cómo esta representación se entrelaza con un marco ideológico y político más amplio que modeló a la política editorial de Al-Karmel.

LOS DOSSIERS DE AL-KARMEL

El número 3 no fue la única ocasión en que Al-Karmel dedicó un dossier o sección especial a una región o tema en particular. Además de sus secciones habituales —generalmente organizadas por géneros literarios, periodísticos o más amplios—, la revista solía incluir apartados especiales dedicados a la literatura de un país específico, un tema determinado o un acontecimiento político urgente que requería atención. Por lo general, una nota editorial —ya fuera la introducción habitual escrita por Mahmud Darwish en la mayoría de los números o una declaración independiente— explicaba la decisión editorial de incluir el dossier.

Por ejemplo, los números 11 (1984) y 25 (1987) se dedicaron a la literatura y la cultura marroquíes, mientras que el número 14 (1984) presentó una selección de veinticinco cuentos contemporáneos de Egipto, seleccionados por el novelista y crítico egipcio Edwar al-Kharrat, bajo el título “Al-Adab fi Misr al-an” (La literatura en Egipto hoy). Previo un prólogo escrito por al-Kharrat, una breve nota firmada por Al-Karmel aclaraba que el dossier no estaba motivado por intenciones políticas, afirmando: “El Egipto interior ha estado ausente de nosotros, literariamente, durante un tiempo. Ahora, al recuperar lo que estuvo ausente —con todas sus corrientes—, nuestro único objetivo es examinar la escena creativa, sin ninguna otra intención”.[3] Este comentario aludía claramente al resentimiento que los palestinos, incluidos los editores de Al-Karmel, seguían sintiendo hacia Egipto tras el tratado de paz con Israel y la exclusión de la OLP, medida apoyada por algunos círculos intelectuales del país.

En cuanto a los dossiers dedicados a un tema, autor o acontecimiento político acuciante, el número 12 (1984) incluyó dos: uno sobre el filósofo francés Michel Foucault, publicado con motivo de su fallecimiento, y otro compuesto por conferencias sobre los imaginarios árabes y españoles en Al-Ándalus, impartidas por diversos intelectuales árabes e hispánicos en un simposio celebrado en Ronda, Andalucía, ese mismo año. El número 17 (1985) regresó Al-Ándalus con un dossier extraído de la segunda edición del simposio celebrado el año anterior.

En los números 27 y 29 (ambos de 1988), durante el apogeo de la Primera Intifada, Al-Karmel publicó un dossier en dos partes: “An Takuna Hunak” y “An Takuna Hunak (2)” (Estar allí), en que intelectuales europeos y árabes, invitados por la revista, respondieron en diversas formas literarias a la pregunta planteada por Al-Karmel: “¿Qué impacto ha tenido la Intifada palestina en la conciencia humana?”

En el caso del dossier latinoamericano del número 3, los cuatro artículos mencionados se agruparon en la sección “Aqwas wa rasa’il” (Paréntesis y cartas), mientras que la entrevista con Julio Cortázar constituyó el único artículo de la sección “al-Hiwar” (Entrevista o Diálogo). No existe una indicación clara de por qué la entrevista con Cortázar se presenta por separado del dossier de Al-Karmel. Una posible explicación es su extensión: la entrevista abarca exactamente veinticuatro páginas, el mismo número que el dossier completo. Por razones editoriales, es posible que los editores hayan buscado mantener un equilibrio en la extensión de los artículos individuales del dossier (cuatro, siete, cinco y ocho páginas, respectivamente).

Además, el cuarto artículo del dossier, “Un testimonio desde Argentina”, como se mencionó anteriormente, es una traducción de un ensayo de Cortázar realizada por Kadhim Jihad Hassan. La inclusión de un texto de Cortázar en el dossier podría haber llevado a los editores a presentar la entrevista por separado, especialmente porque cada uno de los cuatro artículos estaba dedicado a un escritor latinoamericano diferente.

1982, AMÉRICA LATINA REFLEJA PALESTINA

En cuanto a las razones que llevaron a la publicación del dossier en este número y en ese momento concreto, ni la introducción de Mahmud Darwish, “Fi wasf halatna” (Al describir nuestra condición), ni ninguna otra anotación paratextual ofrecen una explicación clara. Sin embargo, el contexto histórico y cultural en ambos extremos geográficos —Beirut y América Latina— proporciona pistas importantes. En enero de 1982, la diáspora literaria palestina aún experimentaba lo que Refqa Abu-Remaileh denomina la “Edad de Oro en el exilio”.[4]

Aunque 1982 también presenció la invasión israelí del Líbano, el asedio de Beirut y la expulsión de la OLP —acontecimientos que marcaron el inicio de un “período de extrema fragmentación, dispersión y exilio complejo”—, antes de esta interrupción la “Edad de Oro” representó un “breve momento de concentración, consolidación e intensificación de la literatura y la cultura palestinas: una suerte de unión”.[5]

En el centro de esta “Edad de Oro” se encontraba Beirut, donde, como señala Abu-Remaileh, surgieron periódicos, instituciones y editoriales dirigidas por palestinos, atrayendo a intelectuales árabes palestinos como no palestinos, que apoyaron y contribuyeron a la causa palestina como propia. Este contexto explica la fuerte presencia de colaboradores no palestinos en Al-Karmel (llama la atención que ninguno de los colaboradores árabes del dossier latinoamericano ni de la entrevista con Cortázar era palestino), así como la capacidad y el interés de la revista por establecer vínculos con otras regiones que atravesaban luchas revolucionarias paralelas, como América Latina.

En cuanto a Latinoamérica, 1982 representó un momento revolucionario particularmente impactante, tanto política como literariamente, desde la perspectiva de la vida política e intelectual palestina. En aquel entonces, muchos países latinoamericanos, si no la mayoría, funcionaban como campos de batalla contra los designios imperialistas y coloniales de Estados Unidos. En el Cono Sur (Argentina, Uruguay, Chile, Brasil y Paraguay), las dictaduras militares respaldadas por Estados Unidos aún ostentaban el poder y mantenían estrechos vínculos militares y de inteligencia con Israel. En Centroamérica, países como El Salvador y Guatemala se vieron envueltos en sangrientas guerras civiles entre regímenes apoyados por Estados Unidos y fuerzas antiimperialistas. Mientras tanto, los gobiernos revolucionarios de Cuba y Nicaragua buscaban principalmente resistir la influencia estadounidense e impedir la intervención directa.

En términos políticos, las décadas de 1970 y 1980 fueron testigos del auge y caída del pan-latinoamericanismo, tanto en los estados como en los movimientos revolucionarios. Literariamente, este espíritu alcanzó su máximo auge simbólico en 1982, cuando el colombiano Gabriel García Márquez recibió el Premio Nobel de Literatura. Tanto el título como el contenido de su discurso de aceptación del Nobel, “La soledad de América Latina”,[6] sugieren que el galandrón fue percibido —tanto por el autor como por la Academia Sueca— como un homenaje no solo a las letras colombianas, sino también a la literatura latinoamericana en su conjunto.

El discurso de García Márquez abordó las realidades contemporáneas de la opresión y la resistencia política y social en América Latina, así como las condiciones históricas que las produjeron, reflejando los temas de su propia obra y de la de sus contemporáneos latinoamericanos, aún agrupados por el mercado editorial europeo bajo la etiqueta del Boom. Para los palestinos, que entonces (como ahora) buscaban el reconocimiento internacional de su existencia, historia y causa política, este preciado reconocimiento de la literatura latinoamericana por parte del máximo exponente mundial del poder cultural ofreció un modelo exitoso para considerar y, potencialmente, emular.

Además, como señala Tahia Abdel Nasser, los palestinos no fueron los únicos escritores que recurrieron a la literatura latinoamericana en busca de inspiración. Los escritores árabes en general

se inspiraron en la literatura y la iconografía política latinoamericana en numerosas ocasiones, renovando vínculos a lo largo de distintos momentos históricos. Lo hicieron en el marco de dos factores importantes: por un lado, la literatura latinoamericana tenía una amplia circulación en el mundo árabe; por otro lado, una generación de escritores árabes de izquierda se involucró con los movimientos del Tercer Mundo. La literatura latinoamericana reflejaba luchas políticas compartidas contra el colonialismo y el neoimperialismo. Otro atractivo para estos escritores fue una literatura tropical y exótica que fomentaba la solidaridad transnacional. La traducción y circulación de las novelas del Boom latinoamericano en el mundo árabe tuvo efectos de gran alcance, incluyendo adaptaciones del estilo del realismo mágico, relaciones intertextuales y reelaboraciones de novelas conocidas.[7]

Como revista cultural palestina cuyos colaboradores eran predominantemente intelectuales árabes de izquierda alineados con la causa palestina, Al-Karmel consideraba a América Latina un modelo tanto estético como político. ¿Quiénes fueron, entonces, los intelectuales árabes que contribuyeron al número 3 de Al-Karmel, centrado en Latinoamérica? Me centraré aquí en dos escritores que, tanto por su obra literaria como por sus trayectorias intelectuales y personales, resultaron fundamentales para la proyección de Al-Karmel hacia Latinoamérica: Elias Khoury e Ikram Antaki.

LOS CONTRIBUIDORES: ELIAS KHOURY E IKRAM ANTAKI

¿Cómo surgió el dossier sobre América del número 3 de Al-Karmel, que incluye la entrevista con Julio Cortázar? Más allá del interés general de la revista por Latinoamérica, la naturaleza de las tres piezas “originales” —es decir, aquellas que no son simplemente traducciones de textos ya existentes— sugiere que la iniciativa personal y el trabajo en red jugaron un papel clave en su creación e inclusión. Me refiero a la entrevista realizada por Elias Khoury y Shawqi Abdul Amir con Julio Cortázar, así como a las dos contribuciones de Ikram Antaki: la entrevista con Gabriel García Márquez y la presentación y traducción de diversos poemas de México.

Si bien la obra literaria y el compromiso intelectual de Shawqi Abdul Amir, el poeta iraquí recientemente nombrado director del Instituto del Mundo Árabe en París, aún están por explorar, la fascinación y curiosidad de Elias Khoury por la literatura latinoamericana son bien conocidas en los círculos literarios árabes. El escritor libanés insinúa este interés repetidamente en sus entrevistas y obras literarias, en particular en su novela Majmaʿ al-asrar (1994), que reelabora la Crónica de una muerte anunciada (1981) de García Márquez. Además, a través de su trabajo editorial con múltiples publicaciones, Khoury desempeñó un papel clave en la presentación de muchos autores latinoamericanos al público lector árabe.  Como curador de la serie Dhakirat al-Shuʿub (La memoria de los pueblos) para el Mu’assasat al-Abhath al-ʿarabiyya (Instituto Árabe de Investigación), supervisó las traducciones al árabe de obras como Las armas secretas de Julio Cortázar y La muerte de Artemio Cruz de Carlos Fuentes. Además, en varias ocasiones, Khoury se refirió a Julio Cortázar como su “amigo” durante su estancia en París a principios de la década de 1970 y en visitas posteriores.[8]

Así, en la introducción a su entrevista de 1982 con Cortázar, Shawqi Abdul Amir y Elias Khoury relatan brevemente su visita a la casa de Cortázar en París: “Lo encontramos en París... Es alto, y tuvimos en una larga charla con él en su casa, cuyas paredes, cubiertas de bibliotecas, están llenas de muchos discos y pocos libros”. Los entrevistadores libanés e iraquí enfatizan que esta pieza marca la primera vez que Cortázar se lee en árabe: “Cortázar, quien dice haber tenido influencia de Las mil y una noches y quien no sabe nada de literatura árabe contemporánea, habla por vez primera, a través de Al-Karmel, con el lector árabe”.[9] Aunque no hay indicios sobre qué idioma utilizaron durante la entrevista, se puede asumir razonablemente que hablaron en francés, lengua que compartían.

También es probable que la entrevista fuera grabada y posteriormente transcrita por una cuarta persona o por uno de los entrevistadores. Esto lo sugiere la forma en que el título del libro de cuentos de Cortázar, Bestiario, se tradujo al árabe como Ghurfat al-malabis,[10] es decir, confundiéndose con “vestuario”.

La escritora sirio-mexicana Ikram Antaki, en cambio, entrevistó a Gabriel García Márquez en español, en un café de la Ciudad de México. En su segunda contribución al dossier, “Poemas desde México”, Antaki presenta traducciones al árabe de ocho poetas mexicanos —muchos de los cuales siguen siendo prácticamente desconocidos en el mundo árabe hasta la fecha—, cada una acompañada de una breve viñeta que refleja su relación personal con el poeta. Las selecciones, junto con sus comentarios, subrayan el profundo conocimiento de Antaki y su activa participación en los círculos literarios de la Ciudad de México, ciudad a la que emigró el 14 de diciembre de 1975 y donde vivió hasta su fallecimiento en 2000.[11]

Nacida en Damasco el 9 de julio de 1948, Ikram Antaki no fue una voz típica de adab al-máhyar –literatura de la diáspora– en Latinoamérica. Mientras que la literatura árabe del máhyar era en gran medida un esfuerzo colectivo de escritores varones, quienes se agrupaban en torno a revistas literarias específicas en árabe o en medios comunitarios bilingües, a menudo al margen y con poca o ninguna interacción con la escena literaria e intelectual local, Antaki se convirtió en una intelectual y crítica activa en la esfera pública mexicana, plenamente inmersa al participar en debates filosóficos, políticos e históricos en el idioma nacional, el español.

Antaki era una invitada frecuente en importantes programas de radio y televisión. En la década de 1990, también presentó un programa semanal en Radio Red titulado El banquete de Platón, cuyo contenido se publicó posteriormente en una serie de libros de varios volúmenes bajo el mismo título. Antaki era conocida por su aguda crítica de la sociedad mexicana, postura que le valió numerosas polémicas, como se refleja en su ensayo alegórico El pueblo que no quería nacer, publicado por primera vez de forma anónima en 1996 bajo el seudónimo de Polibio de Arcadia y republicado póstumamente bajo su propio nombre en 2010. Además, escribió varios libros de poesía y novelas en español, así como dos obras reeditadas sobre temas árabes y andaluces: El espíritu de Córdoba (1994) y La cultura de los árabes (1989).

En comparación con su extensa obra en español, la producción de Ikram Antaki en árabe es muy limitada. Aparte de sus dos contribuciones al dossier latinoamericano de Al-Karmel en 1982, solo publicó un poemario en árabe: Mughamarat Hanna al-Muʿafa hatta mawtih, que apareció en Beirut con Dar al-Farabi en 1975, antes de su llegada a México.

Como le explicó Ikram Antaki al novelista sirio Nabil al-Mulhim durante su visita a Damasco tras emigrar a México: “Allí, en México, no hablo árabe ni leo en árabe. Esta es también la primera vez que regreso a Siria después de veinte años de ausencia. Y ahora regreso para ajustar cuentas con mi alma”.[12]

La conexión de Antaki con Al-Karmel y la causa palestina se remonta a 1980, cuando asistió a la primera conmemoración anual de la Revolución sandinista en Managua, Nicaragua. Dada su orientación política de izquierdas en ese momento —había sido activista del Partido Comunista Sirio antes de salir de Siria[13]—, era natural que visitara el país centroamericano y participara en las celebraciones. Más aún, como izquierdista árabe, buscó a la delegación palestina y al líder de la OLP, Yasser Arafat, quien también estaba presente, y le realizó una entrevista documentada en el libro Encuentro con Yasser Arafat (1980). Es fácil imaginar que, como resultado de este encuentro y del fervor revolucionario del momento, Antaki fue invitada —o se ofreció voluntariamente— a colaborar con el portavoz intelectual de la OLP, Al-Karmel.

AL-KARMEL Y LA REVOLUCIÓN PALESTINA

Con este conocimiento contextual bien establecido, la presencia de un libanés, dos iraquíes y una siria-mexicana en una revista literaria y cultural palestina no debería sorprender. Además, el editor de la revista Al-Karmel, el poeta y novelista kurdo sirio Salim Barakat —segundo en la línea editorial después del director de la revista, el poeta palestino Mahmud Darwish—, tampoco era palestino. De hecho, un repaso de los colaboradores árabes de Al-Karmel muestra que los palestinos constituían una minoría entre quienes escribían en esta revista palestina.

El primer número de Al-Karmel se publicó en 1981 en Beirut, entonces sede de la OLP y centro de sus operaciones militares, políticas y culturales. Durante sus veintiocho años de existencia, la revista acompañó a sus dos principales editores, Mahmud Darwish y Salim Barakat, a sus sucesivos lugares de exilio. Tras el asedio israelí a Beirut en 1982, que culminó en la expulsión de combatientes, intelectuales y dirigentes de la OLP de la ciudad hacia un destino incierto, la publicación de Al-Karmel se trasladó sin interrupción a la isla de Chipre, nuevo lugar de exilio de Barakat.

La revista continuó publicándose desde Chipre hasta que la OLP y el Estado de Israel firmaron los Acuerdos de Oslo en 1993, tras la cual Mahmud Darwish renunció posteriormente al Comité Ejecutivo de la OLP en señal de protesta. En consecuencia, Al-Karmel suspendió temporalmente su publicación hasta 1997, poco después de que Darwish decidiera establecerse en Ramala, Cisjordania, y reconciliar sus diferencias ideológicas y políticas con la OLP y la recién creada Autoridad Palestina.

Como resultado, Al-Karmel reanudó su publicación desde la ciudad ocupada de Ramala, aunque ya sin la colaboración editorial de Salim Barakat, y continuó apareciendo hasta su último número en 2006, dos años antes del fallecimiento de Mahmud Darwish.

Aunque Al-Karmel era el portavoz oficial de la Unión General de Escritores y Periodistas Palestinos (Al-Ittihad al-ʿam li-al-kuttab wa-al-sahafiyyin al-filastiniyyin), el interés intelectual de la revista no se limitaba a asuntos palestinos. Un análisis de los índices de todos sus números muestra que, junto con colaboradores palestinos procedentes de “todas las geografías literarias palestinas dispersas” –son palabras de Rifqa Abu-Remaileh–, participó también una amplia gama de autores árabes que escribieron no solo sobre la lucha y la literatura palestinas, sino que analizaron igualmente la producción literaria de sus propios países (como en los dossiers sobre Marruecos y Egipto mencionados anteriormente).

Al mismo tiempo, la traducción fue fundamental para el proyecto intelectual de Al-Karmel. La revista publicó traducciones de autores literarios e intelectuales europeos, especialmente de los círculos parisinos, como Tzvetan Todorov, Juan Goytisolo, Jean Genet y Michel Foucault, además de un número relativamente menor de escritores latinoamericanos. Como mostraré más adelante, estas características fueron fundamentales para la manera en que la revista abordó algunos de los dilemas políticos y literarios más urgentes de su tiempo.

Sin embargo, la inclusión en Al-Karmel de contribuciones muy diversas procedentes de todo el mundo árabe y de la diáspora, así como su perspectiva internacionalista, se explica por la causa política que defendía la revista. Desde el principio, Al-Karmel se convirtió en la voz literaria, cultural e intelectual oficial de lo que se conoció como la Revolución Palestina, término con el que la OLP identificó su lucha armada contra el Estado de Israel y sus aliados en la región.[14] A pesar de su naturaleza nacionalista, la Revolución Palestina atrajo la atención, la solidaridad y el apoyo de innumerables personas y organizaciones árabes e internacionales.

Así, entre las bases de la revolución se encontraban, codo con codo, combatientes e intelectuales palestinos, árabes y extranjeros que luchaban y escribían por la liberación de Palestina. Al-Karmel, como portavoz literario de la Revolución Palestina, pretendía reflejar el internacionalismo y el panarabismo de la causa palestina a través de sus escritos y traducciones literarias. En este contexto, los combatientes e intelectuales árabes no palestinos que se unieron a la revolución no fueron concebidos como extranjeros solidarios con la causa, sino como parte integrante de ella.[15]

Por lo tanto, no se hicieron distinciones entre árabes palestinos y no palestinos dentro de las múltiples facciones de la OLP (Frente Popular para la Liberación de Palestina, Frente Democrático para la Liberación de Palestina, Frente de Liberación Árabe y, encierta medida, Fatah). Este sentimiento de unidad se trasladó a Al-Karmel, ya que los escritores árabes de la revista también se consideraban parte de la revolución.

Este panarabismo de la causa palestina impregna el mencionado tercer número de Al-Karmel, ya que los colaboradores árabes del dossier "Hojas desde América Latina" actuaron como emisarios y representantes de la Revolución Palestina, a pesar de no ser palestinos. Con este compromiso políticos en mente, no sorprende el siguiente diálogo publicado entre la sirio-mexicana Ikram Antaki y el colombiano Gabriel García Márquez:

Dije [Antaki]: ¿Hasta qué punto usted está dispuesto a apoyarnos?

Dijo [García Márquez]: Hasta la última gota que tengo.

Dije: ¿Hará una declaración pública?

Dijo: Hay miles de maneras para apoyarles a ustedes.[16]

García Márquez reiteró su apoyo a la causa palestina un año después de esa entrevista. Apenas once días después de la masacre de Sabra y Chatila, y dos meses antes de recibir el Premio Nobel de Literatura, lamentó los recientes acontecimientos en su artículo “Beguin y Sharon, premios ‘Nobel de la muerte’”, publicado en el periódico colombiano El Espectador el 29 de septiembre de 1982. Allí escribió: “Si existiera el Premio Nobel de la Muerte, este año lo tendrían asegurado sin rivales el mismo Menájem Beguin y su asesino profesional Ariel Sharon”. García Márquez señaló además que, aunque muchos de sus amigos desean condenar públicamente la masacre cometida por las Fuerzas Libanesas respaldadas por Israel, no se atrevían a alzar la voz “por temor a ser señalados de antisemitas… [mientras que] yo no le temo al chantaje del antisemitismo”. ​​

En este contexto, cabe preguntarse si la exigencia de Ikram Antaki de que García Márquez manifiesta públicamente su apoyo a los palestinos durante la entrevista de Al-Karmel pudo haber influido en la contundencia de sus protestas contra la masacre de Sabra y Chatila.

En consecuencia, en el mismo número de Al-Karmel de 1982, el libanés Elias Khoury y el iraquí Shawqi Abdul Amir también actuaron como emisarios y representantes de la Revolución Palestina en su búsqueda de apoyo público del novelista y cuentista argentino Julio Cortázar. Aunque la entrevista se centró casi por completo en temas literarios, con escasa mención a la política a lo largo de sus veinticinco páginas, Khoury y Abdul Amir lograron preguntarle al escritor argentino:

–Una última y pequeña pregunta: ¿Cuál es su relación con la Revolución Palestina?

A lo que Cortázar respondió:

–Como es una pregunta pequeña, mi respuesta será pequeña, pero llena de verdad. Vos me preguntás por mi relación con la Revolución Palestina, y te digo que es una relación de solidaridad, simpatía y amor. Apoyo a su causa desde lo más profundo de mi ser.[17]

Sin embargo, como ya se mencionó, las veinticinco páginas de la entrevista de Khoury y Abdul Amir con Cortázar abordaron la política y la causa palestina en muy poca medida. Los entrevistadores plantearon cuestiones sobre Palestina únicamente una vez, y solo al final de la conversación. De hecho, el encuentro entre el poeta iraquí, el novelista libanés y el escritor argentino se centró principalmente en temas literarios: la traducción literaria, los rituales de escritura, la escritura en lengua extranjera (discuten los escritos de Conrad, Eugène Ionesco y George Schéhade) y la obra de Jorge Luis Borges.

Además, aunque ninguno de los escritos de Cortázar había sido traducido al árabe antes de enero de 1982 –y por lo tanto el autor era prácticamente desconocido para los lectores árabes–, una parte sustancial de la entrevista se centró en cuentos y novelas específicas escritos por él a los que los lectores de Al-Karmel no tenían acceso en su lengua materna. Es probable que los entrevistadores los hubieran leído en francés. En otras palabras, Al-Karmel actuó como un agente literario voluntario, promoviendo a autores cuya obra, según sus editores, merecía ser traducida al árabe tanto por su relevancia local (en este caso, latinoamericana) como internacional, así como por su postura política en apoyo a la causa palestina.

Julio Cortázar no fue el único escritor latinoamericano cuya obra no había sido traducida ni publicada en árabe y que apareció en Al-Karmel. En números anteriores y posteriores de la revista también se realizaron entrevistas originales y traducidas con otros autores latinoamericanos, en las que se analizaban sus obras literarias específicas sin necesidad de que estuvieran disponibles previamente en árabe. Tal es el caso, por ejemplo, de los escritores mexicanos Carlos Fuentes y Octavio Paz, así como del escritor cubano Severo Sarduy, quienes fueron entrevistados por Al-Karmel antes de que sus obras literarias estuvieran traducidas al árabe.

¿Qué tenían en común todos estos escritores latinoamericanos cuya obra fue traducida y entrevistada por Al-Karmel? ¿Por qué aparecieron ellos en las páginas de la revista palestina y otros no? Para responder a estas preguntas, la siguiente sección mostrará cómo las obras de estos autores —su reconocimiento internacional y sus posturas frente a los procesos políticos en sus propios países— influyeron en las decisiones editoriales de Al-Karmel al seleccionar a quiénes entrevistar y traducir al árabe.

EN BUSCA DE AMÉRICA LATINA

Escritores como Gabriel García Márquez, Carlos Fuentes, Julio Cortázar y, en menor medida, Octavio Paz se identificaron con el fenómeno literario conocido durante las décadas de 1960, 1970 y 1980 como el Boom latinoamericano.[18] Este fenómeno literario y comercial fue, en muchos sentidos, más europeo que latinoamericano, pues marcó la repentina y estridente irrupción de escritores latinoamericanos en el mundo editorial, el periodismo y la vida intelectual europeas. A partir de entonces, la literatura latinoamericana comenzó a percibirse como un corpus que, en su conjunto, parecía “nuevo e interesante, no solo a los ojos de los sino a los lectores del resto de los lectores del planeta”.[19] Para la Revolución Palestina y su revista literaria Al-Karmel, varios aspectos del fenómeno resultaron especialmente significativos y, por lo tanto, dignos de atención.

En primer lugar, la mayoría de los escritores del Boom latinoamericano, al menos en sus inicios, se identificaron plenamente con las causas políticas y sociales de su subcontinente. Irrumpieron en la escena literaria europea durante lo que se ha descirto como el “momento más utópico de su historia moderna”,[20] es decir, la primera década posterior al triunfo de la Revolución Cubana.[21] Su exilio en Europa estuvo motivado, en muchos casos, por la “necesidad de escapar de situaciones oprobiosas, asfixiantes y hasta peligrosas” en sus propios países.[22]

En el caso de Gabriel García Márquez y Julio Cortázar, por ejemplo, ambos apoyaron públicamente las revoluciones cubana y nicaragüense, así como la resistencia chilena contra la dictadura de Augusto Pinochet. Los dos defendieron repetidamente estas causas en la prensa internacional y en discursos pronunciados con motivo de premios literarios, e incluso en ocasiones actuaron como emisarios informales ante líderes mundiales.

Para la Revolución Palestina, el contacto con estos escritores latinoamericanos se desarrolló en paralelo a los esfuerzos de la OLP por establecer alianzas trans-Tercer Mundo con causas políticas afines. Así, Yasser Arafat y posiblemente Mahmud Darwish estuvieron presentes en Managua durante la primera conmemoración de la Revolución Nicaragüense en 1980 –hecho documentado en Encuentro con Yasser Arafat de Ikram Antaki–, mientras que Cuba fue el primer país latinoamericano en romper relaciones diplomáticas con Israel y permitir la apertura de una representación de la OLP en su territorio.

En segundo lugar, el reconocimiento internacional de estos comprometidos escritores latinoamericanos –que culminó con la concesión del Premio Nobel de Literatura a Gabriel García Márquez en 1982– representó un ejemplo literario y político de gran relevancia para la Revolución Palestina. Cabe decir que el discurso de aceptación de García Márquez fue traducido inmediatamente al árabe y publicado en Al-Karmel.[23] Para la Revolución Palestina, el prestigio alcanzado por estos autores ofrecía un modelo de legitimidad cultural que podía contribuir también a reforzar el reconocimiento internacional de la existencia, la lucha y la causa del pueblo palestino. Si bien las obras de estos exitosos autores e intelectuales latinoamericanos se integraron en la corriente literaria dominante y contribuyeron a convertirlos en algunos de los escritores más influyentes del mundo, sus opiniones políticas también los situaron en las portadas de los principales periódicos europeos.

En tercer lugar, estos escritores latinoamericanos de renombre internacional ofrecieron un modelo literario de una estética capaz de reconciliar la política y el arte. Mientras los intelectuales europeos debatían la relación entre la literatura y el compromiso político, los escritores cercanos a la Revolución Palestina sostenían que todo autor debía apoyar la causa política de su pueblo o, en otras palabras, “llevar dos sandías bajo el mismo brazo: la sandía de la política y la de la literatura”, para usar la conocida metáfora del escritor y político palestino Emile Habibi.[24] En consecuencia, el compromiso político –especialmente el apoyo a la Revolución Palestina– debía manifestarse también en la obra literaria. Desde esta perspectiva, muchos escritores árabes percibieron que los autores latinoamericanos habían logrado encontrar una forma estética para reconciliar de conciliar las exigencias del arte con las de la política. Por lo tanto, la revista Al-Karmel se puso en contacto con varios de estos escritores y les planeó directamente esta cuestión, como lo demuestran las siguientes preguntas:

[Kadhim Jihad a Severo Sarduy:] Por favor, cuéntenos sobre las revoluciones lingüísticas y literarias que ustedes, los latinoamericanos, han llevado a cabo. Lo maravilloso aquí es que pasaron de ser colonizados a convertirse –como dice Carlos Fuentes– en colonizadores de la lengua española.[25]

[Kadhim Jihad a Carlos Fuentes:] En los últimos años hemos escuchado voces que exigen una contribución plena a las experiencias revolucionarias en América Latina (como Gabriel García Márquez y Julio Cortáza), y otras voces –entre ellas las de Octavio Paz y Vargas Llosa– que cuestionan los logros revolucionarios en el continente. ¿Cuál es su postura?[26]

[Elias Khoury y Shawqi Abdul Amir a Julio Cortázar:] El Che Guevara, que también era argentino, fue un ejemplo de flujo revolucionario en América Latina. ¿Cuál fue la influencia que ejerció sobre usted?

Por supuesto, no se halaron soluciones fáciles ni prefabricadas. No obstante, al formular estas preguntas a los escritores latinoamericanos, Al-Karmel buscaba indagar posibles soluciones estéticas a los dilemas que enfrentaban los escritores palestinos y árabes al intentar vincular, a través de la literatura, su obra con las causas políticas de sus propias regiones.

Si bien las causas políticas respaldadas por estos escritores latinoamericanos –específicamente las revoluciones cubana y nicaragüense– habían alcanzado en ese momento logros tangibles, la causa palestina permanecía, entonces como ahora, a la deriva en un mar de incertidumbre. Por ello, a través de estas indagaciones, los editores y contribuidores de Al-Karmel también buscaban identificar formas en que la contribución estética de los escritores pudiera respaldar y fortalecer la causa política.

EN BUSCA DE UNIVERSALIDAD

La insistencia de la Revolución Palestina en interrogar e interactuar con la vida literaria y los debates de otra cultura –en este caso, Latinoamérica–constituyó, en su momento, un esfuerzo cultural en sí mismo.

Entonces, como ahora, los palestinos se encontraban inmersos en una agotadora lucha por la liberación nacional, sometidos a constantes bombardeos, asesinatos y acoso por parte de Israel y los regímenes árabes; enfrentándose a la negación de su identidad nacional y a un exilio forzado y permanente. Lo que estaba en juego, para Al-Karmel, eran los deseos palestinos de normalidad y de participar en los debates literarios y culturales contemporáneos con el resto del mundo.

Como se mencionó anteriormente, la política y la causa palestina no fueron el tema central de la mayoría de las entrevistas. Un análisis de los números de Al-Karmel entre 1981 y 2008 muestra que la revista se centró principalmente en difundir la literatura mundial y exponer a los lectores árabes a temas y debates contemporáneos de otras regiones que resultaban relevantes para la vida intelectual, cultural y literaria árabe. Dado el enfoque primordial de la revista en la literatura, Al-Karmel no excluyó necesariamente, como podría esperarse, la traducción o la publicación de escritos sobre autores cuyas posturas políticas se alineaban con el apoyo a la ocupación israelí y al sionismo.  Por ejemplo, la revista presentó a escritores como Jorge Luis Borges y Octavio Paz,[27] ambos conocidos por sus opiniones proisraelíes y galandronados con el el Premio Jerusalén de la Municipalidad israelí de la ciudad ocupada de Jerusalén en 1971 y 1977, respectivamente.[28]

LA LITERATURA COMO NECESIDAD

En una carta al peruano Mario Vargas Llosa, escrita en 1964, Carlos Fuentes afirmaba: “[En América Latina] la literatura surge de una necesidad y no de un arreglo comercial o de una imposición política, como a menudo sucede en otras partes”.[29]

La declaración de Fuentes resuena con la importancia que la literatura ha tenido en Palestina desde la Nakba, cuando no se trataba de política, sino funcionaba como el medio a través del cual los palestinos podían expresar la complejidad de sus vidas bajo la ocupación y el exilio, así como resistir las tendencias culturales dominantes que buscaban suprimir su lengua, cultura, memoria e identidad. Al igual que los latinoamericanos, los palestinos escribieron por necesidad.

En el contexto de la literatura y la producción cultural palestinas, Al-Karmel profundizó su compromiso con la vida intelectual global, traduciendo e introduciendo al árabe una amplia gama de obras literarias contemporáneas y debates que tenían lugar en otras partes del mundo. En esta tarea, la revista colaboró ​​con escritores y traductores de todo el mundo árabe y se dirigió a otras regiones, como Latinoamérica, para reflexionar sobre la urgente relación entre política y estética.

Sin embargo, para Al-Karmel, América Latina representaba más que un simple lugar geográfico: junto con su literatura, constituía un exitoso modelo del "Tercer Mundo" (para usar la terminología de la época), donde los escritores lograron conciliar política y literatura, conquistando las escenas literarias del "Primer Mundo" sin renunciar a sus convicciones políticas ni comprometerse con las luchas políticas de sus países de origen.

[1] أقواس ورسائل: أوراق من أمريكا اللاتينية، الكرمل، العدد ٣ (يناير ١٩٨٢): ٢٦١-٢٨٤.

Los dos primeros artículos del dossier ya pueden consultarse en traducción al español. Véase Shadi Rohana, “Una entrevista peregrina”, Al-Zeytun: Revista iberoamericana de investigación, análisis y cultura palestina 1 (abril de 2017): 52-55; y Shadi Rohana, “Canasta de poetas mexicanos para la Revolución palestina”, Periódico de Poesía 90 (junio de 2016), https://archivopdp.unam.mx/?view=article&id=4244&catid=46.

[2] إلياس خوري وشوقي عبد الأمير، "رسالتي بسيطة جدا.. والمنفى حقيبة كبيرة"، الكرمل، العدد ٣ (يناير ١٩٨٢): ٢٣٦-٢٦٠.

Para una traducción al español de la entrevista, acompañada de una presentación, véase Shadi Rohana, “Julio Cortázar entrevistado por la Revolución Palestina”, Badebec: Revista del Centro de Estudios de Teoría y Crítica Literatura 6, núm. 12 (marzo de 2017): 82-118.

[3] الكرمل، العدد ١٤(١٩٨٤): ٤.

[4] Abu-Remaileh, “1967-1982” Literary Diasporas: A Golden Age in Exile”, en Country of Words, https://countryofwords.supdigital.org/periods/literary-diasporas-a-golden-age-in-exile/.

[5] Abu-Remaileh, “Post-Beirut Fragmentation” y “Golden Age in Exile”.

[6] Gabriel García Márquez, “La soledad de América Latina”, Discurso de aceptación del Nobel, 8 de diciembre de 1982, https://www.nobelprize.org/prizes/literature/1982/marquez/25603-gabriel-garcia-marquez-nobel-lecture-spanish/.

[7] Tahia Abdel Nasser, Latin America and Arab Literature: Transcontinental Exchanges (Edinburgh: Edinburgh University Press, 2023), 115.

[8] Jeremy Harding, “Jeremy Harding Goes to Beirut to Meet the Novelist Elias Khoury”, London Review of Books 28, no. 22 (16 November 2006), https://www.lrb.co.uk/the-paper/v28/n22/jeremy-harding/jeremy-harding-goes-to-beirut-to-meet-the-novelist-elias-khoury.

[9] إلياس خوري وشوقي عبد الأمير، "رسالتي بسيطة جداً.. والمنفى حقيبة كبيرة"، الكرمل، العدد ٣ (يناير ١٩٨٢): ٢٣٦-٢٣٧.

[10] إلياس خوري وشوقي عبد الأمير، "رسالتي بسيطة جداً.. والمنفى حقيبة كبيرة"، الكرمل، العدد ٣ (يناير ١٩٨٢): ٢٣٩

[11] “14 de diciembre de 1975 llega a México Ikram Antaki donde vive hasta su muerte”, Instituto Mexicano de la Radio (IMER), 14 de diciembre de 2017, https://www.imer.mx/14-de-diciembre-de-1975-llega-a-mexico-ikram-antaki-donde-vive-hasta-su-muerte/.

[12] نبيل الملحم، "إكرام أنطاكي: القدم والخطوة"، الجديد، ١ يناير ٢٠٢٣.

[13] ميسون شقير، "إكرام أنطاكي.. دمشقية نقلت إلى المكسيك روح قرطبة"، ضفة ثالثة، ٢٦ نوفمبر ٢٠١٩, https://diffah.alaraby.co.uk/diffah/print//revisions/2019/11/26/إكرام-أنطاكي-دمشقية-نقلت-إلى-المكسيك-روح-قرطبة.

[14] El término al-Thawra al-Filasṭīniyya, la Revolución Palestina, fue adoptado en la década de 1960 por las facciones de la OLP. Sin embargo, su facción dominante, Fatah, sostuvo retrospectivamente que el inicio de la revolución tuvo lugar en la madrugada del 1 de enero de 1965, cuando el ala militar del movimiento, al-ʿAsifa, llevó a cabo su primera operación militar en Israel (véase “The Palestinian National Liberation Movement – Fatah (I), 1957-1990”, Interactive Encyclopedia of the Palestine Question, Institute of Palestine Studies and the Palestine Museum, https://www.palquest.org/en/highlight/23292/palestinian-national-liberation-movement-–-fatah-i). Con el uso de este término, la OLP buscó alinearse con los movimientos revolucionarios en otras partes del mundo.

[15] “Palestine in the World: Palestinian Solidarity and Solidarity with Palestine”, Teach the Revolution, http://learnpalestine.qeh.ox.ac.uk/teach/week/10.

[16] إكرام أنطاكي، " مع غابرييل غارسيا ماركيز في المقهى.."، الكرمل، العدد ٣ (يناير ١٩٨٢): ٢٦٢.

[17] إلياس خوري وشوقي عبد الأمير، "رسالتي بسيطة جداً.. والمنفى حقيبة كبيرة"، الكرمل، العدد ٣ (يناير ١٩٨٢): ٢٦٠.

[18] El término “Boom latinoamericano” fue acuñado por el traductor y crítico literario chileno Luis Harss en un artículo publicado en agosto de 1966 en la revista bonaerense Primera Plana. Véase Aguirre et al., Las cartas del Boom (Madrid: Alfaguara, 2023).

[19] Aguirre et al., 14.

[20] Aguirre et al., 14.

[21] Como señalan Aguirre et al., no es de sorprender que los escritores del Boom, como colectivo, comenzaron a desintegrarse en el momento en que empezaron a aparecer diferencias políticas en relación con el régimen cubano.

[22] Aguirre et al., 30.

[23] غابرييل غارسيا ماركيز، "عزلة أمريكا اللاتينية"، ترجمة سلوى نعميمي، الكرمل، العدد ٧ (يناير ١٩٨٣): ٣٦٧-٣٧١.

[24] إميل حبيبي، سرايا بنت الغول (خرافية)، رياض الراسي للكتب والنشر، لندن-قبرص: ١٢.

[25] سيفيرو ساردوي وكاظم جهاد، الباروكية اقتصاد آخر، الكرمل، العدد ٣٨ (أكتوبر ١٩٩٠): ٩١.

[26] كاظم جهاد، "كارلوس فونتيس: تقول الرواية ما يحجبه التاريخ"، الكرمل، العدد ١٨ (أكتوبر ١٩٨٥): ١١٣.

[27] Véase, por ejemplo, los siguientes artículos de Octavio Paz que fueron traducidos al árabe por Al-Karmel: القوس والقيثارة (الكرمل ٨٠، ٢٠٠٤) y عوالم بورخيس الخيالية (الكرمل ٥٧، ١٩٩٨).

[28] Véase Ángel Alberto Adame, “El Premio Jerusalén de 1977”, Zona Paz, https://zonaoctaviopaz.com/detalle_conversacion/480/el-premio-jerusalen-de-1977; y el catálogo de la exhibición Borges e Israel: diálogo de la Biblioteca Nacional de la República Argentina (Buenos Aires: Biblioteca Nacional, 2022).

[29] Aguirre et al., 81.